viernes, 26 de octubre de 2018

EVO, MESA Y UNOS CANTOS DE SIRENA


EVO, MESA Y UNOS CANTOS DE SIRENA

Por: Renzo Abruzzese

 

Un precioso mito homérico relata que los antiguos marineros griegos eran seducidos y engañados por unas preciosas sirenas cuyos cantos lograban que pidieran la razón.  La expresión se utiliza metafóricamente para señalar un discurso elaborado con palabras agradables y convincentes,  que esconden alguna seducción o engaño”. Eso es exactamente lo que encarna la presencia del MAS en el Poder.

La esperanza de que Bolivia pudiera encontrar un tiempo nuevo en cuyos vericuetos los sistemas de representación reeditaran la presencia ciudadana que los partidos “tradicionales” habían perdido, encontró en el MAS y Evo Morales una vertiente de esperanza. Morales se erigía como el hombre que reinstalaba las aspiraciones del ciudadano de a pie, reconstruiría un país para los bolivianos sin distinciones odiosas. Poco tiempo se requirió para comprender que aquello no fue más que un canto de sirena, a la vuelta de la esquina la sombra de un régimen racista y doblemente discriminador se erigía como la ideología oficial. Pasamos del racismo y la discriminación criollo-mestiza, a una discriminación y racismo aymaracentrista. Los mestizos      -dijo Linera-  “no existen”. En el ambiente se respiraba un odio de razas que antes, si existía, nunca hirió de muerte la subjetividad social boliviana. Todos percibimos que invertir el sentido del razismo que acompañó la historia de nuestros pueblos, no hacía del régimen un gobierno menos racista que los anteriores, de hecho, el boliviano común “sentía” que nunca como con Morales la sociedad se había vuelto efectivamente racista.

Cuando Morales tomó el Poder, llegó acompañado de un halo de honestidad y credibilidad que lo animó a prometer un gobierno que por ninguna razón cometería los excesos que habían debilitado y finalmente sentenciado a muerte a todas las fuerzas políticas hasta ése momento vigentes. El sistema político “neoliberal” se vino abajo porque había perdido credibilidad salpicado de corrupción. Morales se erigía frente a esto como “la reserva moral del mundo”. Sus promesas –empero- se desmoronaron a menos de un año de gestión cuando el todo poderoso  Santos Ramírez, tercer hombre del MAS y alto dirigente del IPSP cayó al descubrirse un negociado en YPFB, con un muerto de por medio. Una operación gansteril impensable desde la imagen que el régimen se empeñaba en difundir. Aquella corona de honestidad que Morales proclamaba al mundo se vino abajo para develar que todo el discurso moralista de su gobierno no era más que otro canto de sirena.

De la vorágine de atropellos, medias verdades y mentiras poco piadosas de las que echaba mano el régimen para justificar lo injustificable, nació la pregrina idea de que el pueblo se tragaba todo. A una sucesión infinita de errores, transgresiones, infidencias y corruptelas le seguían una igualmente infinita sucesión de falsedades justificadoras, terminaron instalando en la subjetividad ciudadana la certeza de que el guía estratégico de todo esto no era Garcia Linera, sino, más bien,  Goebbels, el nazi. En el remate de este drama surrealista apareció la figura de una hermosa mujer que resultó ser la madre negada del hijo inexistente pero probablemente vivo del mismísimo presidente. Bastó aquello para que todos comprendiéramos que nos gobernaba la mentira. Para rematarla, la mejor carta del régimen, el juicio en La Haya, el mar y la mediterraneidad boliviana resultó un escandaloso fracaso que terminó dándonos la certeza de que a trece años de gobierno, solo tuvimos cantos de sirena.

Cuando la suma de todos estos enredos hizo aguas, el referéndum al que confiadamente convocó Morales, contraviniendo la seguridad que producen las borracheras de Poder demasiado prolongadas, el pueblo  le dijo NO. Los bolivianos nos percatamos súbitamente que el régimen había firmado su visa al pasado, y que han retornado las esperanzas de una Bolivia que se maneje como un país de verdad y no como un cato de coca.

Producto de este rosario de desencantos emerge Carlos Mesa, no solo porque su imagen como estadista ensombrece la de Evo Morales, sino, porque encarna el hastió de la ciudadanía ante un régimen como el de Morales. Encarna la honestidad y sobre todo, porque su imagen habla de un país para todos, sin los odios que sembró Morales y menos del desprecio vicepresidencial por todo quien piensa diferente.

domingo, 6 de mayo de 2018

La Imaginación al Poder



Este título podría ser un buen slogan para las generaciones actuales, no es –empero- mi intensión abordar este tema. Veamos. Con demasiada frecuencia, declaraciones de hechos políticos, actos de Poder o argumentaciones emitidas como fundamento del accionar en los regímenes populistas, a más de herir la inteligencia del hombre común, desafían la lógica ciudadana. Cualquiera acostumbrado a manejarse en una democracia y un sistema de valores en que las cosas que se hacen o se dicen mantienen coherencia y se muestran como expresiones naturales de la vida cotidiana, queda desconcertado cuando por ejemplo, nos enteramos que un criminal ex presidiario con dos asesinatos a cuestas es nombrado Presidente del Tribunal Supremo en Venezuela. Que si no se apoya a Evo “el sol se esconderá y la luna se escapará”, (A. García Linera)  que hay que sacrificar a los caballos por ser una herencia de la colonia (Evo Morales), que el dictador Maduro cuyo gobierno llevó a Venezuela al colapso total y la miseria absoluta no tenga ningún inconveniente en declarar que “Él es el camino” para la grandeza venezolana.  Que un tribunal supremo con 65 denuncias judiciales sea el encargado de administrar la justicia en Bolivia y declarar procedente una re-postulación antidemocrática, o que se construye un estadio de futbol para 1.500 espectadores en un pueblo (Pucara) con exactamente 1500 habitantes incluidos bebés recién nacidos y ancianos al borde de la muerte ¿Cuál es límite del discurso populista?.  Parece que al menos de momento, no tiene límite alguno, lo que en realidad no debiera asombrarnos. Todos los regímenes de corte fascista, sean estos de derecha (como  el nazi) o de izquierda, (como el fascismo estalinista)  hacen uso intensivo de esta estrategia, porque cualquier límite en el razonamiento, cualquier lógica aplicada a la realidad los desnuda y la ambigüedad, que es la cuna de su Poder, se hace añicos.
Si de algo requieren los regímenes de corte totalitario, particularmente los populistas (que no son más que una variante del fascismo) es permanecer dentro los límites de un discurso ambiguo en que cualquier cosa tenga cabida, y en consecuencia, sea relativamente fácil deslizar la fantasía, la imaginación perversa o la mentira desembozada como verdades incuestionables. Todos sabemos –sin embargo-  que la mentira tiene patas cortas. Cuanto más cortas, más cerca esta su final.