martes, 7 de agosto de 2012

Poder, Mística, Futuro

La crisis en el Municipio y la Gobernación cruceña tuvieron la virtud de desnudar la desarticulación del sistema político tradicional local. No se trata de una infinidad ininterminable de artificios legales, sino de la imposibilidad estructural de constituir un interlocutor suficientemente poderoso como para frenar la arremetida del Estado central. No están en crisis solamente las elites políticas y las estructuras sociales de soporte, está en crisis el sistema interno en su conjunto. Cuando se tocan estos temas la percepción ciudadana percibe que detrás de esto, se esconde la ausencia de una estructura de poder local capaz de enfrentar un Estado resuelto a doblegar la naturaleza autonómica de Santa Cruz, y cuando digo autonómica me refiero a la compleja articulación económica, social, cultural y política del departamento.
La tesis sociológica de mi colega Susana Seleme sobre el estado de anomia que sacude la sociedad cruceña no puede ser más cierta. Una ausencia de valores y estructuras que permitan vislumbrar un proyecto regional de la talla de las que se forjaron en la década pasada      –como resultado de un esfuerzo que cubre casi un siglo de estímulos y acciones  autonomistas-  explica en gran parte las enormes dificultades e impases que se suceden en casi todos los niveles de organización del Poder Local, de ello se desprende la ausencia cada vez mas dramática de un “discurso” regional que articule de forma adecuada la perspectiva histórica regional y la dinámica del Estado Plurinacional.  La impresión que uno tiene es sin duda que las elites cruceñas tienen  mucha dificultad en articular un proyecto de poder que exprese su propia dinámica, por momentos pareciera que la idea del “pueblo feliz” se impone a despecho de todos los indicadores, según los cuales de pueblo ya no tiene nada y de feliz cada vez menos. Acechados por el Poder Central, sitiados por una estructura ideológica notoriamente adversa a sus intereses, Santa Cruz está condenada a repensar su rol histórico y rearticular sus fuerzas sociales, políticas, culturales y económicas en los términos en que la coyuntura lo exige.
Ciertamente no se trata de un fenómeno nuevo, situaciones similares las vivió a lo largo de todo el proceso de construcción regional que, como se sabe, la transformó en el motor de la economía nacional y el interlocutor mas respetable del estado central, el problema radica en que en todas las situaciones previas se tenía un discurso coherente, con visión y horizonte histórico y la determinación de alcanzar sus objetivos. La “mística” que caracteriza el proceso cruceño al menos durante la mitad del siglo pasado fue el detonante de una visión conceptual y practica puesta a punto por su arrollador crecimiento económico y demográfico, dicho de otra manera; el progreso fue el producto de una lectura apropiada de la realidad y una vocación invencible de desarrollo. Hoy, en la vorágine que vive el país el discurso se hace difuso, impreciso, anómico y la “mística” se ha transferido a un nivel privado en el sentido gramsciano del término; como impulsos individuales. A pesar de todo, Santa Cruz es, a no dudar, el factor determinante del desarrollo histórico nacional y sus posibilidades reales están lejos de agotarse. No es posible pensar el curso de la historia venidera al margen de la posición que adopte el Departamento, y esto es sin duda una ventaja comparativa, empero, de poco serviría sin un proyecto de largo alcance que contenga las fuerzas productivas, culturales y políticas cruceñas; se impone como emergencia del momento que vive el país un esfuerzo regional por rediseñar sus estrategias, reformular su discurso histórico y articular su propio desarrollo al curso que toma la nación.

viernes, 20 de julio de 2012

Una Crisis Contra Natura


La actual crisis del municipio cruceño resulta anómala desde todo punto de vista. En cualquier país de occidente parecería contra natura que el Alcalde enjuicie a todos sus Concejales.  ¿Cómo pudo suceder esto?  Lo primero que llama la atención es que se produce en el marco de una crisis en varios frentes; los intentos por derrocar al Gobernador, las tensiones en la estructura indígena de Tierras Bajas, la pérdida de poder de convocatoria del Comité Pro Santa Cruz y las frustraciones en el proceso de construcción de la autonomía muestran un panorama mucho más complejo de lo que en apariencia podría verse a simple vista. En realidad la crisis edil es la expresión –junto al resto de los factores mencionados y probablemente otros más- del fin de un siclo regional acelerado por la transformación estructural del Poder y el recorrido a marcha forzada entre la Republica y el Estado Plurinacional. Se trata de una alteración irreversible de la matriz del Estado. El Estado del 52 llega a su fin con Evo Morales y en su reemplazo todos sus componentes se ven forzados a reacomodarse y reorientar sus estrategias de desarrollo económico y político, particularmente, los aparatos de estado local y regional como son los Municipios y las Gobernaciones. Esta situación no solo afecta la adecuación de las estructuras administrativas y funcionales, exige una lectura diferente de la realidad, porque ésta, desde el advenimiento de Morales, ha impuesto un curso diferente en todos los órdenes de la realidad; ha modificado profundamente la naturaleza del Estado Nacional, y con ello, las lecturas y los discursos previos quedaron obsoletos.
Las elites dirigenciales locales, sin embargo, no parecen haberse percatado de la profundidad y alcance de esta transformación. Más sensible fue la burguesía cruceña que hizo las paces con el gobierno en un esfuerzo de sobrevivencia que hasta ahora le resulto favorable y hasta beneficioso, empero, en los segmentos políticos y la dirigencia regional este desfase catastrófico entre la realidad y su lectura deja ver una brecha que los aproxima raudamente al fin de su rol histórico. Dicho de forma más lineal: la crisis del municipio cruceño es la expresión más patética de los efectos del cambio social y la incapacidad de las elites y sus organizaciones para comprender el momento. ¡Imagínense! un alcalde que hace todos los esfuerzos por poner en vilo las ya pocas fuerzas ediles condenando la institucionalidad a la vorágine del Poder Central. Una victoria en bandeja de plata para el actual gobierno.
En la historia, los grandes personajes suelen perder con bastante facilidad la visión del futuro, esto que es recurrente en todas partes y en todos los tiempos tiene –irremediablemente- un precio que pagar. Ojalá que no sea en el caso cruceño una factura que comprometa su futuro de forma irreversible, y ojalá que ante la gravedad de la situación las nuevas elites y sus jóvenes dirigentes desarrollen la capacidad -innata en el hombre- de comprender su tiempo y actuar en consonancia.

jueves, 19 de julio de 2012

Señuelos de Tormenta

Al menos tres factores diseñan el perfil de la actual coyuntura: el surgimiento de un movimiento indígena interpelatorio que cuestiona la tendencia aymaro-centrista del Estado forjado por el gobierno del MAS, la emergencia de la clase media catalizada por el movimiento del sector médico y los universitarios y la crisis de la institucionalidad democrática en el área más vulnerable del Estado; la policía.

Si asumimos como evidente que la capacidad interpelatoria de los indígenas de Tierras Bajas pone en el tapete la legitimidad del gobierno en cuanto a su naturaleza “originaria”, tendríamos que concluir que se ha iniciado una crisis hegemónica en la medida en que el gobierno de Evo Morales no es ya, al menos para ese sector indígena, “la dirección intelectual y moral” del proyecto Estatal, tampoco lo es  para las clases medias, y como van las cosas, los obreros y sectores campesinos empiezan a reconocer que el proyecto estatal no encarna sus propias visiones. La clase media sacudida ante el efecto simbólico que tuvo sobre ella la triunfal llegada de la VIII Marcha, encontró en la huelga del sector médico un mecanismo de articulación efectivo. La progresiva pérdida de legitimidad y la emergencia de nuevos actores, tanto propios como extraños a la matriz indígena, forman sin duda en escenario de crisis hegemónica con aristas peligrosos en el corto plazo, sobre todo por la proximidad de un periodo electoral intenso.

Finalmente, el arbitrario nombramiento de un coronel por encima de cualquier criterio jurídico e institucional en la Policía Boliviana, trasluce la previsible acentuación de las contradicciones al interior de la estructura de Poder del actual régimen. El panorama no es nada alentador. El gobierno no ha logrado un nivel hegemónico que le facilite el manejo y en su caso la manipulación de la sociedad civil, y lo que en este campo logró, lo está perdiendo. Sumido en una estrategia de enfrentamientos al mejor estilo del marxismo ortodoxo, lo único que ha logrado es una pérdida progresiva  y penosa de la hegemonía política y cultural con la que llego al Poder. Hoy, impedido de redimir la colectividad indígena por su pertinaz oposición a los pueblos de Tierras Bajas, enfrentado a  las clases medias y sus instituciones profesionales, cercado por las propias contradicciones que engendra el Poder ·”en sus entrañas” -como diría Hegel- y con una institucionalidad democrática hecha añicos, pareciera que la historia que tan promisoriamente se le acercó hace 6 años atrás empieza a darle la espalda. El poder es caprichoso y traicionero cuando se sube muy arriba en la cabeza, y todo indica que algo de eso está pasando, también, eventualmente, suele desencadenar temores y paranoias que terminan engendrando demonios imaginarios, demostraciones innecesarias de fuerza, miedo, represión y tiranía. Ha de tener muy fría la cabeza don Evo Morales para no llevar sus frustraciones a un nivel en el que solo vea fantasmas, y en eso, el rol de los círculos palaciegos y los entuertos del Poder suelen ser muy peligrosos.

domingo, 15 de enero de 2012

Los Ciudadanos "No"

El cura Albó ha publicado en un medio virtual una curiosísima nota en la que luego de enumerar las ventajas del último censo, en el que como todos sabemos se elimino el mestizaje, termina inventado la más curiosa de las categorías étnico-sociales: el ciudadano “No”.
Según el conocido indigenista todos los que no se identifican con algún grupo Indígena Originario Campesino (IOC) tienen la opción de responde “No”, la respuesta seria entonces “no pertenezco a ninguno grupo de esos”, sórdidamente agrega además que de esa forma “nadie nos podrá “ningueniar”. Semejante despropósito  linda en el insulto a la racionalidad mestiza, pues es obvio que tal artificio es un absurdo de principio a fin, de ser incluido en la boleta censal, en las estadísticas nacionales tendrán que consignar a los aimaras, a los quechuas, a los guaraníes, a los ayoreos etc. y a los “No”; los “ciudadanos no” (que entre otras cosas  sobrepasan el 60’% de los bolivianos)
Pertenecer a la categoría de los  “ciudadanos No”, empero,  conlleva consecuencias sociológicas, políticas y culturales importantes, en principio, a diferencia de los IOC, los “No” no podrán tener representación parlamentaria pues no hay diputados ni senadores que represente a los que no son de ninguna parte, de ninguna cultura, de ningún habla. No serán consignados en ningún plan de desarrollo nacional ya que nadie planifica para los que no son, ni están.  No podrán incorporar el más mínimo rasgo cultural en la estructura educativa del país. No tendrán derechos pues estos se aplican a los que objetivamente tiene voz y voto, los “No”, en cambio, simplemente están ahí pero no existen. Como se puede apreciar, se trata de un intento más por borrar de la estructura social boliviana el mestizaje asimilado por el régimen actual como la encarnación de la historia colonial blancoide, en el fondo, no solo es un acto racista destinado a poner en movimiento un mecanismo mas (de los muchos que ya dispone el gobierno de Morales) de discriminación y segregación socio-cultural al mejor estilo nazi, se trata, a despecho de las normas que el mismo gobierna crea para pisotearlas, de la forma más moderna de etnocidio, que su artífice sea un connotado antropólogo indigenista no disminuye su carácter abominable, (si hasta Heidegger apoyo a Hitler) en todo caso se trata de uno de los más precarios actos intelectuales  del oscuro resabio de las modernidades coloniales del siglo XX.

lunes, 9 de enero de 2012

Los Discursos del Poder

Una aproximación serena a los discursos políticos actuales en Bolivia, daria como resultado la identificación de al menos tres discursos de importancia y una considerable variedad de meta-discursos en torno al Poder. Podríamos reconocer sin dificultad uno cuyo eje temático gira en torno a la raza y en consecuencia, una perspectiva fuertemente marcada por la exclusión de sectores sociales que no podrían tipificarse como “originarios”.
Una segunda vertiente constituida por las fracciones disidentes del MAS cuyo eje discursivo gira en torno al proceso de cambio entendiendo que éste ha sido traicionado por el actual gobierno. Sus reflexiones no se han desprendido de los postulados de raza que configuran el discurso oficialista, pero se diferencia de él en al menos dos dimensiones diferentes: una que apuesta por una  transformación pluricultural que desdibuje los límites del enfrentamiento de raza (sintetizados en las visiones “originarias”) de manera que proyecta un escenario nacional multiétnico y aunque regido por la cosmovisión de un Estado Aimara no pretende deshacerse del mestizaje, y otro que exige del Estado posiciones radicales frente a las fracciones mestizo-blancoides que proyecta la construcción de un Estado Aimara fundamentalista. Se trata de posiciones  radicales del indigenismo criollo cuyo postulado es franca y definitivamente racista.
Una tercera vertiente se localiza en lo que podría denominarse la “izquierda democrática” cuyo eje discursivo gira en torno a los Derechos Democráticos. Constituida por las generaciones que experimentaron la resistencia a las dictaduras militares y la reconquista de las instituciones democráticas, se identifica como la fracción opositora más claramente visible al gobierno actual y aunque se la ve como encarnación de todos los errores y taras de la clase política derrotada por el régimen de Morales, encarna la vigencia de los derechos y garantías jurídicas individuales en el marco de la libertad. A pesar de su consistencia teórica y práctica adolece de una crónica falta de liderazgo que complota contra sus propias posibilidades.
En su conjunto, y dado lo precario de los conceptos políticos (en virtud de su flexibilidad en el tiempo)  podría decirse que la Bolivia de Evo Morales presenta tres visiones de Poder que corresponde a  tres discursos políticos: uno cuyo resultado final debiera ser el estado Originario-Aymara al que se asociarían por las buenas o por las malas todos los demás segmentos de la sociedad boliviana. Su núcleo epistémico lo constituye la raza como tal. Otro que podría tipificarse como un proyecto originario-democrático que postula una sociedad plural con dominancia de las visiones originarias pero que convive con la diversidad sin mayores inconvenientes, y uno que postula una sociedad democrática inclusiva y diversa que postula un tipo de estado y sociedad plural independientemente de cualquier concepto racial y definitivamente asociado a la modernidad.
Si elevamos estos proyectos a las categorías de derecha e izquierda el panorama muestra su verdadera complejidad, pues, tendríamos una Derecha Radical cuya realización histórica supone el Estado Aymara, una  Derecha Democrática representada por aquellas expresiones disidentes del MAS cuyo proyecto es un Estado Originario-democrático, ambos proyectos, empero, están afiliados a una visión racista de la sociedad, el Estado y el Poder. Finalmente tendríamos la Izquierda Democrática cuyo proyecto estatal pasa por un Estado Liberal, inclusivo y participativo franca y definitivamente alejado de cualquier criterio de raza.



martes, 27 de diciembre de 2011

El Estado Mestizo según el MAS

La noción de un Estado Mestizo contrario a un Estado Indígena constituye un elemento central de la ideología masista del Estado. Según ésta concepción un estado se considera mestizo en la medida en que conserva la visión política y la perspectiva practica (en lo económico, cultural, administrativo, etc.) del mestizaje. El Estado Mestizo seria una entidad propia de la fase republicana bajo el control de elites blancoides que en la jerga marxista leninista corresponderían a la burguesia y la pequeña burguesía  (que se identificó con la clase media). El Estado Indígena vendría a ser su antípoda en todos los sentidos en tanto sus contenidos de clase están dados por la cultura originaria nacional  y el ejercicio estatal (las practicas de Estado) estarían ahora a cargo de aquellos que estuvieron hasta el advenimiento de Evo Morales excluidos y marginados del Poder (cosa por cierto absolutamente cierta) En términos generales y con las distancias del caso, esta interpretación encaja de lleno en la realidad hasta bien entrado el siglo XX. La post guerra del Chaco y el advenimiento de la Revolución Nacional (en su primera fase al menos) se ajustaban a una lectura de este corte, (Recuérdese el Manifiesto de Ayopaya de Walter Guevara Arce) Precisamente por ello el populismo movimientista del 52 constituyo una dictadura antiimperialista muy parecida a la actual, a la fecha, empero, un discurso basado en criterios etnoclasistas suena como un ruido fósil, un eco del pasado que no logra engranar en el presente. Solo tendríamos que pensar que el 62%  de la población nacional (rural y urbana) se auto-idéntica como  mestiza lo que hace superfluo contraponer el Estado Mestizo a un hipotético  Estado Indígena. En los hechos los indígenas se califican a sí mismos mestizos en proporciones que invalidan fundamentar la naturaleza de un estado sobre semejante improperio sociológico, es más, su auto-calificación no solo es voluntaria sino además realiza una percepción y un deseo subjetivo buscado exprofeso por ellos, y es que no puede ser de otra manera en el contexto de una sociedad mundializada. Más superfluo resulta aferrarse a un criterio etnológico como el de “originario” en una sociedad en que el proceso de sincretismo y aculturación republicana echó por tierra cualquier elemento que haga posible fundar un estado sobre semejante base teórica. Ni que se diga desde la perspectiva de la modernidad; mientras el avance de la historia fusiona las diferencias en la categoría del Ser Humano, (en la que todos son iguales) las utilizadas por la perspectiva etnoracista de moda las retrotrae a la edad media, oscuro episodio donde los hombres se juzgaban por sus orígenes y sus creencias,  en síntesis, sostener que el proceso de cambio pasa por derrotar el Estado Mestizo (una acción de hecho racista) y suplantarlo por el Indígena (de hecho fascista) no es más que un falso debate, en realidad de lo que se trata es de restituir un Estado democrático en el que todas las diferencias pueden resolverse en el ámbito de la libertad y el debido proceso,  o aceptar un Estado cuyos contenidos se definen por la raza y no por la cualidad humana de sus miembros. El Estado Ayamara con el que sueñan los eventuales gobernantes, es por encima de todo, un intento fascista racionalizado a través de la noción de lo indígena u originario, este ardid empero, está muy lejos de ser un argumento que permita imaginar una sociedad más justa e inclusiva, propia del espíritu del  siglo XXI.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Nada está dicho en el tiempo

Suprimida la República, aprobada la CPE masista, doblegada la independencia de la ex Corte Nacional Electoral, consolidada la estructura del Poder Judicial al servicio del caudillo  y conquistadas  todas las instancias del Estado, la realización de una cumbre que permitiera replantear el horizonte de poder mas allá del congreso, es casi una consecuencia natural en la consolidación totalitaria del Poder.
La cumbre social constituye el mecanismo mediante el cual los proyectos de dominación (práctica e ideológica) serán articulados en un  Plan de Gobierno producto de la participación de los “movimientos sociales” afines al MAS. Que la legitimidad de este procedimiento sea nula o abrumadoramente valida es absolutamente indiferente; aprobarán “la agenda” como una conquista de la sociedad civil y la mostraran al mundo entero como un producto de la pluralidad del régimen. La cumbre social  es de esta manera el momento en que el gobierno de Evo Morales Ayma cierra el ciclo de organización totalitaria del poder.
En la lógica del “nuevo Estado” el Congreso es un apéndice figurativo. Su función es generar las apariencias útiles al discurso de emisión que vende el gobierno fronteras afuera. Al interior de
l país es la estructura en gran medida ficticia de los “movimientos sociales” y las “cumbres” y conclaves en torno al caudillo y el partido (MAS) las que deciden el futuro, por esta particular conformación de la estructura política actual, la “Cumbre Social” es el punto de inflexión que da inicio al Estado Totalitario de corte fascista.

En la vorágine de este proceso, la oposición queda en una situación difícil; si asiste legitimaría un plan totalitario que sellaría su fin real y formal; si no asiste su ausencia facilitará en mucho la aprobación del proyecto total a lo que se suma el coro de bribones que desde las representaciones internacionales decidieron sellar la suerte de este país. (No es la primera vez, Hitler recibió el apoyo del Papa Pio XII) de manera que la consolidación de la “Agenda”  -con o sin consenso-  es ya un hecho; la suerte está echada, empero, la historia tiene  terribles vericuetos que grabaron a sangre y fuego la única Ley de la Historia: Nada está dicho en el tiempo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La Verdad como Principio Político

Uno de los asombrosos hallazgos de la física de partículas mostró que la luz se puede desplazar como onda o como partícula dependiendo de lo que tenga en frente, si le conviene avanza como partícula, si no, lo hace como onda. Los físicos aún no comprenden esta autónoma inteligencia codificada, nadie entiende cómo sabe que hay al fondo del acelerador de partículas y cuando decide cambiar su estado natural. A partir de este dato, cuya fascinación no deja de acosarme,  empecé a aceptar la idea   –doctrinalmente negada por mi formación marxista- que la historia podría comportarse de forma similar, es decir,  adoptar cursos independientemente de la voluntad o conveniencia de sus protagonistas y arribar a los puertos que se quería evitar a cualquier precio;  véase la China de Mao, de aquel terrible Mao de la Revolución Cultural, o la Rusia de Lenin, la Cuba de Castro, la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini todas terminaron en lo que habían jurado destruir. La interrogante es: ¿Qué pasó? ¿Acaso, las fuerzas sociales que ellos mismos desencadenaron se percataron que al final de camino sólo estaba el vacio y decidieron cambiar la polaridad de su dinámica? ¿Cuándo su apoyo se transformó en oposición?  Ciertamente alguna razón tiene que explicar la espectacular forma en que “las masas” suelen trastocar su percepción de las cosas. A los fascismos clásicos europeos los aniquiló la debacle de las derrotas bélicas, pero no por ser meras derrotas en los campos de batalla, sino, porque pusieron de manifiesto la  verdadera imagen de sus líderes y sus acciones. La inmaculada y todopoderosa figura del Fuhrer o del Duce se vino abajo cuando  alemanes e italianos comprobaron que ninguno de ellos era la encarnación inmaculada del bien y que, como cualquier otro dictador, habían forjado su poder de la misma manera en que lo hicieron sus antecesores, o quizás de forma peor,  así pues, los hombres que arrastraron el cadáver de Mussolini  por las calles de Milán,  trastocaron el curso de su recorrido suicida al contacto con la verdad: la verdad, ese es el momento de quiebre, el punto de inflexión, el instante en que todas las dictaduras se quedan huérfanas porque como decía el mismo Marx, la realidad es la única prueba final de la historia, y la realidad se hace de verdades irrefutables.

domingo, 30 de octubre de 2011

Algo Huele Mal en Inglaterra

La frase del título paso a la historia como una expresión que denotaba un estado obtuso en el escenario social y político; aplicado a la actual situación podríamos decir que algo huele mal después de Ley Corta en el caso TIPNIS: ¿será que Evo cumple su promesa?  ¿El proceso de la reglamentación no será más que una trampa? En condiciones normales tendríamos que esperar que todos los acuerdos se cumplirán de forma apropiada y en sujeción a lo convenido, sin embargo, el conjunto de la ciudadanía se muestra extremadamente suspicaz, ni aún considerando la trascendencia histórica de la Marcha y el apoyo indiscutible del que gozó los ciudadanos de a pie encuentran una razón suficiente para no dudar del cumplimiento de las promesas. ¿Cómo es posible dudar del gobierno? Es más, ¿cómo se puede poner en duda la palabra empeñada por el Presidente Morales? La respuesta es simple; hoy más que nunca los fines justifican los medios.
Este viejo principio es una constante en el ejercicio del Poder, sin embargo, no en todos los tiempos se aplica de la misma manera. La forma en que lo aplicó el régimen Nazi,  Mussolini o  Stalin difiere mucho de la forma en que lo hizo, Paz Estenssoro, Juan José Torres o cualquier otro presidente del periodo democrático real, su instrumentalización varia de forma substancial cuando los fines se inscriben en el ámbito de la democracia, o cuando estos más bien se adscriben a las tendencias totalitarias y dictatoriales. En este último escenario ninguna acción del Estado o de sus líderes es confiable porque el aparato estatal entero se ha puesto al servicio de la mentira y la falsedad. En los escenarios democráticos los medios guardan una relación con los fines dentro los marcos de lo permitido. En los regímenes totalitarios funciona a la  inversa porque el objetivo es precisamente exceder las normas vigentes a efectos de trastocar el orden establecido independientemente de de su legalidad, la famosa frase “dale nomás, después lo arreglan mis abogados” da cuenta de esta visión de Poder, probablemente esta sensación que flota en el ambiente se deba a la aguda percepción popular (y el pueblo no se equivoca) de que una auditoria del actual gobierno, dejaría un saldo de mentiras demasiado grande como para creer que todo lo que dice,  firma o sugiere sea cierto.

viernes, 7 de octubre de 2011

El Fin del Estado Ayamara

Una razón que subjace a la sucesión infinita de errores políticos del gobierno en relación al conflicto con los indígenas de tierras bajas es sin duda el inminente riesgo de poner en  entredicho la perspectiva  pluricultural del régimen.  En efecto,  la notoria ausencia de alguna wipala y la presencia  de emblemas orientales  junto a la tricolor es un claro mensaje de los contenidos étnicos que entraña la VIII Marcha, una amenaza  a las pretensiones  aymaro-centristas del gobierno de Evo Morales. En el contexto ideológico marcado notoriamente por una perspectiva racial, el intento sistemático de aymarizar la sociedad boliviana a partir de los valores de ésa etnia  fue un acto imperial (que nos recuerda la obsesión de Mussolini de “fascistizar” Italia, o el infeliz intento nazi de eliminar todo alemán que no fuera ario) que pone en el tapete la crisis de un sistema geosocial cuyos desajustes actuales se deben a una ciega obsesión por imponer una sola visión étnica  al conjunto de pueblos de la República sin consideración real de su verdadera naturaleza cultural, social y política.
El gobierno actual reconocio 32 “naciones” pero instalo en la estructura de poder solo una; la aymara. La machacona pluriculturalidad del régimen es sin la menor duda un acto simbólico, figurativo, diseñado para encubrir todo un aparato creado para el sujuzgamiento de las culturas restantes bajo la égida aymara, o borrar por Decreto la existencia de los mestizos que de hecho, oficialmente no exiten ni en las estadisticas nacionales, empero, semejantes atropellos son más que un acto de Poder, un  absurdo, solo basta recordar que más del 60% de la población rural se considera mestiza.
El TIPNIS tiene en este sentido una nueva virtud, reactualiza la vigencia de la pluralidad real a despecho de las visiones racistas y excluyentes del Poder Aymara instalado en el palacio de Gobierno. Los indigenas del TIPNIS constituyen un evento por cierto espantoso en la perspectiva racial que Evo Morales le imprime al Estado; un golpe bajo para los que  soñaron gobernar 514 años en la mas alucinante vendeta racial jamas antes imaginada en la America Morena.



viernes, 30 de septiembre de 2011

Territorio - Derechos - Libertad

El slogan “El TPNIS somos todos” que entonaban furiosos los paceños expresa las dimensiones que ha adoptado la protesta, de hecho hace mucho que dejó de ser un fenómeno local; “somos todos” y por tanto sus alances abandonaron los ámbitos territoriales para alcanzar objetivos políticos  nacionales,  particularmente, por que esta capacidad de subsumir al conjunto de la sociedad boliviana solo puede explicarse como el producto de un poderoso acto interpelatorio que sintetiza por su valor y consistencia moral el malestar de la sociedad en todos sus estratos.  En efecto, ya en otro artículo mencionamos que la negativa del presidente  a  “bajar” a las bases para negociar con los marchistas indígenas,  nacía del temor oficial a discutir de igual a igual con un interlocutor que encarnaba el primer acto interpelatorio al hasta hace poco todopoderoso  Evo Morales,  pero además no era un dialogo cualquiera, se tenían que discutir Derechos inculcados y eso, eso si no engrana con el caudillo, en esta ocasión no se podía “meterle nomas” para que luego  arreglen sus abogados: la reunión era imposible.
En esta perspectiva el que la marcha indígena hubiera convocado (después de la masacre) grandes multitudes hasta no hace mucho sumidas en el temor,  expresa las demandas que el régimen despótico reprimió sistemáticamente desde que arribo al Poder, sin embargo, como el territorio se hace tangible  a través del respeto a los derechos, y estos se ejercen en los ámbitos de libertad, la ecuación territorio-derechos-libertad crea un escenario de restitución democrática que hasta antes de la masacre sucumbía bajo el amedrentamiento, la judicialización del opositor y la represión desembozada contra la libertad de expresión y de conciencia. Los indígenas actualizan a partir de sus demandas por la tierra y el territorio la restitución de los derechos democráticos de toda la sociedad, semejante afrenta al poder despótico desencadena la furia que vimos en  el “desalojo” que marca sin duda, el comienzo de la reconquista de las libertades e instituciones democráticas.  Lo que está fuera de dudas es que, en lo que le queda al gobierno del MAS habrá que contar un antes y un después de la Masacre del TIPNIS.

martes, 27 de septiembre de 2011

De Poderosos y Mentirosos

El Fiscal General de la Republica, en medio de la timidez que lo persigue cuando tiene que hablarle al gobierno, desmintió  al ministro Llorenti,  le dijo lacónicamente que él no emitió ninguna orden fiscal que legitimara la masacre, lo mismo le dijo a su ex jefe el  Viceministro de Régimen Interior Farfán . La Directora de migración Quiroga les dijo que ella no aceptaba semejante masacre y la ministra de defensa les dio un rotundo “Así no”. La democracia masista resultó una mentira. El presidente declaro en una conferencia de prensa  que no sabía quién ordenó proceder con el “desalojo” y que una comisión “del más alto nivel” investigará el trágico suceso; no sirvió de nada, los renunciantes desmienten a los mentirosos y los indígenas le dicen al presidente que no le creen ni lo que respira, y no es que el régimen se está cayendo, solo esta intoxicado y es  presa de propia medicina: la mentira.
Ciertamente, si este gobierno cae no va a ser por mentiroso, será por haber traicionado a sus iguales y por haberse hecho la banal ilusión de que la borrachera le iba durar la vida entera, pero en medio de todo, si el súbito deterioro le viene por masacrar indefensos y tratar de justificar el crimen con un discurso que linda en el absurdo, este “principio del fin” los sorprende por que es imposible tapar el sol con un dedo; si a eso le sumamos la imposibilidad de creer seriamente en un Ex Defensor del Pueblo que jubiloso pisoteaba los derechos que otrora juro defender,  la ecuación se resuelve de manera defectuosa: de mintrosos pasaron a cínicos.
Se ha dicho ya hace mucho que el rumor era el arma más poderoso para bajar presidentes, ya lo utilizaron los griegos y perdura hasta nuestros días, sin embargo,  más poderosos han resultado el cinismo y la mentira, probablemente porque deja la desagradable sensación de que el mentiroso cree a pie y juntillas que su interlocutor es un imbécil, este extraño principio de la subjetividad humana parece haberse activa a propósito de las renuncias y el discurso presidencial. Semejante constatación aconseja no armar un sistema de rumores cotidianos cuando se trata de desgastar un régimen (independientemente de su fuerza o su brutalidad como paso frente a la dictadura de García Mesa) simplemente hay que rogar que todas los regímenes despóticos  incorporen  varias decenas de cínicos y mentirosos en su estaff principal; un buen mentiroso como portavoz, otro en el ministerio de comunicaciones, otro en el Ministerio del Interior, uno menos experto en Finanza, otro de la misma talla en Cancillería etc. y el final progresivo del régimen es absoluta y semióticamente predecible. A este gobierno no lo va bajar la embajada americana, ni la derecha neoliberal, ni la izquierda caduca, ni los indígenas de arco y flecha, lo va a derrocar la excesiva ingesta de su propio veneno: la mentira.

viernes, 23 de septiembre de 2011

En Memoria de Cayetano Llobet

Estamos acostumbrados a reconocer la impronta de algunos grandes hombres cuando sus obras fueron el fruto del Poder. Presidentes, ministros, asesores, hombres pragmáticos cuyo sello suele registrarse en Leyes, Decretos actos públicos o la Gaceta Oficial, de esto hay mucho y es natural pues la historia es una acto finalmente colectivo, pero cuando la impronta de un ciudadano emerge del  fondo moral de su existencia, cuando hace diferencia porque en última instancia – a pesar de sus detractores- sigue siendo un testimonio de la libertad, su herencia se levanta en el horizonte como se levantan los iconos que los tiranos suelen temer, en ese plano se comprende el legado de Cayetano Llobet. Probablemente su biografía política (desde los viejos tiempos en que se luchaba por reconquistar los derechos y la libertad estropeada en manos de las dictaduras militares, o su paso por el Congreso) sea lo de menos, él mismo se había sobrepuesto a la vorágine de la historia nacional con la invencible arma del intelecto, y desde ahí,  su estilo   fogoso y apasionado lo transformo en el simbolo de la libertad de expresión y de pensamiento.
A Cayetano hay que recordarlo en el horizonte de los pensadores que lograron -como pocos- doblegar el acero de los Poderosos, la mazmorra de los cobardes, la bayoneta de los mandones y el cuello blanco de los explotadores con la pluma vehemente y el pensamiento claro. Más allá de todos los bandos y colores, Llobet fue un crítico implacable cuando sentía apenas mellada la libertad y los derechos del pueblo por el que había luchado toda su vida.
Pienso –y quizás sea una afrenta al dolor que nos deja su partida- que Cayetano no podía dejarnos de otra manera. No podía irse con menos dignidad y lealtad a sus principios.  Su última columna, las ultimas letras que nos hizo llegar, me recordaron  otro pensador de su estilo (Augusto Céspedes) cuando nos decía que al aproximarse al cuerpo inerte de Germán Busch aquella nublosa mañana de Agosto, comprendió de súbito que aquel héroe del Chaco no podía haber muerto de otra forma, era cierto, y es que las vidas fértiles tienen sus formas de terminar, no acaban como cualquier destino, lo hacen  bajo espectro de una dignidad final que nos abruma.
Me ha sido muy difícil escribir estas líneas, y seguro son con todo, deficitarias y mediocres frente a la pluma de Llobet, pero aún así, son mi homenaje y reconocimiento mas profundo a un gran intelectual y amigo.