jueves, 3 de septiembre de 2015

El retorno del incario y el proceso de cambio


Hegel, cuyo legado filosófico sirvió de fundamento al materialismo histórico de Marx, sostenía que la historia no era más que la conciencia que un pueblo posee de su época. Esta portentosa concepción de la historia, resumida en las tres leyes de la dialéctica, permitía comprender la caída del Imperio romano o de cualquier otro, cuyo esplendor en su mejor momento se mostraba como una sólida estructura perdurable hasta la eternidad.
Lo cierto es que ninguno de ellos sobrevivió y, a sólo en un abrir y cerrar de ojos, sus glorias pasaron a formar parte de "otro tiempo”, de otra época, de otra historia. Nada ni nadie podría retrotraerse a ese mundo desaparecido, no sólo porque la historia no tiene retornos, sino porque aunque quedara intacta su estructura material, sus palacios, sus castillos, sus armas o lo que fuese, la conciencia que los sujetos poseían de todo ello ya no existe. Ése es el fin da la historia.
La historia universal, si tal cosa existe, no es más que el fin de la historia experimentada por cada sociedad en determinado momento de su existencia. Es la sumatoria de las historias terminadas. No parece, por tanto, descabellado preguntarse si el Imperio incaico es una excepción. Un juicio equilibrado concluiría que en esto no hay excepciones. El Incario se extinguió  (independientemente de las causas y los hombres que lo precipitaron), y es en consecuencia una historia finiquitada. Como la historia no retrocede, tuvo, como todas las historias, un final irreversible. El tiempo no vuelve atrás.
Este razonamiento pone en el tapete, en primer lugar, la perspectiva que sirve de fundamento mítico-ideológico al diseño del Estado Plurinacional, pregonado por el Gobierno, y pone en evidencia, además, la falacia discursiva del régimen al pretender un retorno de la historia imposible de realizar, no porque nos separen medio milenio, sino porque la historia es una cuestión de conciencias epocales y no de acontecimientos que, en última instancia, siempre se registran como azares del destino. En segundo lugar, encubre una certeza inocultable: la historia del Estado Teocrático Incásico, con todas sus grandezas y todas sus miserias, murió hace quinientos años. No hay manera de retroceder.
Si se tratará de reeditar las formas de organización social y productiva, la férrea dictadura del teócrata o el reino mítico que rodeaba la dictadura del Inca, probablemente nos veríamos tentados a aceptar la posibilidad de su retorno (sólo sirve pensar en los actuales tiranos fundamentalistas de Medio Oriente para convencernos que todo esto es siempre posible),  empero, de inmediato, nos percatamos que el Imperio incaico sólo fue Imperio y sólo fue Incásico cuando los doloridos servidores del Inca y los beneficiarios de éste poseían una conciencia particular de su tiempo, lo asumían como el mejor o como el peor, pero sabían que eso era lo único que tenían y, probablemente, lo único que podían imaginar.
Tomar como modelo la sociedad incásica desde la base de la modernidad y el capitalismo avanzado, o desde la modernidad y el socialismo fracasado, no es más que un juego de palabras que esconde el secreto morboso de las mentalidades imperiales: eternizarse en el tiempo. No hay forma posible que un originario actual o cualquier ciudadano de este país se aproxime siquiera a la conciencia histórica de un vasallo del Inca. No hay forma posible de retrotraernos a la agricultura primigenia, al arado de tracción humana, a la servidumbre de las mujeres ante el Inca o al despotismo abigarrado de los "sabios” imperiales.
Mi tiempo, la conciencia de mi época, tanto como la del lector que sigue estas líneas, sin siquiera echar mano del portentoso Hegel, sabe que el proyecto estatal en curso no es más que un artificio del lenguaje, destinado a crear un espejismo perceptivo bajo la etiqueta del "cambio” con el único fin de ensoñarse en un proyecto de mil años.  Distopía moderna que a veces parece real.

miércoles, 19 de agosto de 2015

El Fetiche de la Representación

Una práctica común en los medios políticos radica en que todas las determinaciones que se tomen se las hace en nombre del pueblo. Independientemente de la línea ideológica que profesa un gobierno, lo que se haga es indefectiblemente en nombre de los ciudadanos que, al menos teóricamente, están representados en la persona del mandatario. En resumidas cuentas, se sostiene que el Estado moderno subsume al ciudadano en la categoría de la representación; todos, idealmente, estamos representados. La teoría clásica en torno a este fenómeno la dio Hobbes para quien la construcción estatal de la modernidad suponía la renuncia individual de los derechos y la transferencia de estos al Estado. El Estado administraba mis derechos en nombre de la comunidad, esto es posible en gran medida porque el Estado es una construcción arbitraria, no natural, es el producto de una convención social en aras de establecer un sistema de convivencia que garantice la paz y el imperio de la justicia. El desarrollo moderno del término (representación) asumió varias formas, Sartori sostiene que en realidad la representación pone en movimiento un complejo juego de similitudes, de manera que el representante es de alguna forma un símil del pueblo. Para otros, la representación es meramente un acto simbólico en el cual no encontraremos ni la delegación de mis derechos ni la similitud entre los gobernados y el gobernante, se suma a ello que el acto de representación es histórico, y lo que ayer se aceptaba como tal hoy puede ser totalmente insuficiente.
En torno a esta temática y desde la perspectiva nacional, la primera pregunta que parece surgir de forma espontánea es cómo pueden representarse en el Estado de una nación, 36 naciones diferentes. Si consideramos que en el planeta conviven cerca de 15.000 etnias, parece natural que Bolivia no sea el único caso en que variadas etnias y culturas ocupen el mismo espacio estatal, de hecho existen muy pocos Estados modernos que no contengan una amplia diversidad étnico-cultural, es la norma, la excepción es ver un Estado mono-étnico, lo que no constituye un inconveniente en virtud de que la instancia de representación no es el Estado, sino el Gobierno. Son los gobiernos los que asumen la representación de la sociedad, o de una parte de ella. Por otro lado, debe considerarse que la representación política es un acto arbitrario, decidido unilateralmente por el eventual encargado de comandar la nave del Estado, éste decide en última instancia a quién o quiénes representar y a quién o quiénes excluir del acto de representación.  Ante esta terrible posibilidad se arguye que quien gobierna es la expresión de su pueblo y en consecuencia el que gobierna representa a todos los gobernados. Tal situación es posible cuando la estructura de representación da cabida a todos, es decir, cuando la representación se instala como una expresión democrática; sólo y únicamente si la forma de gobierno es verazmente democrática la representación "contiene” a todos los actores sociales, políticos, económicos y culturales de una comunidad en un momento determinado de su historia; fuera de un esquema democrático la representación es una farsa melodramática.
 La experiencia histórica muestra que la representatividad de un mandatario, al margen de una estructura verdaderamente democrática, sólo busca la eliminación de un conjunto de sujetos históricos (etnias, clases, segmentos etc.) y la imposición forzosa y manipulada de unos cuyo fin es la hegemonía en todas sus dimensiones. Al poner a todos en el "mismo saco”, se adueña de las particularidades de los que consideran diferentes e impone así un horizonte etnocéntrico. Se gobierna en nombre de todos, pero desde el horizonte de los suyos.
Finalmente, una diferencia necesaria para comprender el fenómeno de la representación anida en el concepto hegeliano de "reconocimiento”, ampliamente utilizado por Fukuyama. Este último sostiene que con bastante frecuencia la sociedad "reconoce” a un líder, a una institución, a un partido etc., sin que esto suponga otorgarle el derecho a representarlos.  En el caso boliviano, se arguye que Evo Morales, al asumir el poder con el 64% de la voluntad ciudadana representa a "todos” los bolivianos, empero, lo que en realidad obtuvo con esa incuestionable victoria electoral es el "reconocimiento” de una situación insostenible frente a la cual Morales Ayma se impone como la solución posible. Una buena parte de los bolivianos reconocimos en él la salida a un estado de cosas insostenible en todos los frentes (económico, político, cultural, estatal etc.). Ese dramático reconocimiento que en palabras de Fukuyama "es el origen de la tiranía, el imperialismo y el deseo de dominar” no tiene nada que ver con la posibilidad de representación genuina de la que tanto se jacta el partido de gobierno, de lo único que habla es de lo equivocados que estábamos.
Dicho todo lo anterior, se entiende que en el caso boliviano se trata de la construcción política de un fetiche. Así como Marx estableció la naturaleza fantasmagórica del "fetiche de las mercancías”, objetos que encubren las relaciones de explotación que les dio origen, el "fetiche de la representación” encubre las relaciones étnicas que dominan el Estado aymara-etnocéntrico actual. El Fetiche de la representación del que hablamos, encubre la naturaleza racista que le da contenido histórico al gobierno del MAS. La apelación a lo "pluri” es en este sentido la expresión final de una argucia detrás de la cual se campea el fantasma de la discriminación y la segregación racial afincada en el Poder del Estado.

martes, 11 de agosto de 2015

El Estado Prótesis


En la lengua española el término prótesis se define como el  “procedimiento mediante el cual se repara artificialmente la falta de un órgano o parte de él”. Una prótesis es un dispositivo añadida al organismo vivo de forma artificial que cumple una función determinada y que puede ser removida una vez que no sea necesario usarla, se trata de un mecanismo de recambio utilitario que permite explotar un dispositivo que aunque resulta imprescindible nunca alcanza el grado de irremplazable. Otra de sus virtudes estriba en que si se produce alguna falla o inconveniente, de inmediato se procede a su recambio y se asume que todos los problemas derivados provienen de la falla protética. Así, si a un paciente cardiaco le sobreviene un paro masivo que determina ipso facto su muerte, se dice que una falla en la prótesis implantada determinó el deceso del occiso, de manera que las responsabilidades se cosifican o despersonalizan, finalmente el único culpable termina siendo la prolífico dispositivo.

Este atractivo concepto de la medicina actual se me antoja de enorme utilidad en el análisis político y sociológico a la hora de apreciar el modus operandi del régimen actual. Estado Protético en que todos sus operadores ostentan el rango de prótesis; una vez que cumplieron sus funciones y cosechados los frutos son declarados inservibles, desdeñados, arrojados al tacho de inmundicias y en lo posible, como por escarmiento, enjuiciados y encarcelados.

El Estado Protético es un modelo de acción político-administrativa que prescinde de las cualidades humanas, se sostiene en la capacidad operativa ciega, irreflexiva, mecánica, no acepta pensamiento libre, ni moral, ni juicio de valor. Bajo esta lógica, los daños colaterales producidos por el dispositivo son de exclusiva responsabilidad de la prótesis, así, cuando los potosinos reclamaban las promesas y compromisos incumplidos, el gobierno no se hizo responsable, fue la prótesis ministerial de ese entonces. El sistema prótesis sin embargo tiene un límite conocido como el rechazo metabólico, a ese rechazo se llega cuando todo el sistema dice basta, en ese momento, la única solución posible es remover el dispositivo para siempre.

El Futuro de la Soledad Humana


Hace algunos meses un estudiante de sociología preguntó al profesor Zigmunt Bauman a que atribuía el éxito de Facebook; “el éxito del invento de Zuckerberg consiste –dijo- en haber entendido necesidades humanas muy profundas, como la de no sentirse nunca solo”. Esta brillante respuesta me llevó a una interrogante de naturaleza prospectiva: ¿cuál es futuro de la soledad humana?

Las estadísticas internacionales registran que en éste minuto, más de 3 mil millones de personas están conectadas a internet en un monologo virtual en torno al cual giran sus sentimientos, sus intereses, sus negocios, sus habilidades, sus miedos, sus dudas, sus deseos, es decir, prácticamente todo lo que un ser humano puede sentir, experimentar, indagar, temer, aceptar o rechazar esta en la línea. Las dimensiones son tan espectaculares que solo en Facebook, los más de 1.390 millones de personas, (la mayoría jóvenes) que están diariamente conectados a su plataforma, invierten 700 mil millones de minutos al mes, y emiten 30 mil millones de mensajes en ese mismo lapso de tiempo. Si se suman los minutos que el total de usuarios de Facebook invierte cada mes intercambiando información, chistes, mensajes, fotografías etc. la cifra es equivalente a 22 y medio años de una vida virtualmente desconectada. Desde el Facebook se puede ingresar a más de 2 y medio millones de sitios web que contienen prácticamente toda la información tecnológica, social, política, erótica, poética, filosófica, comercial etc. que uno pueda imaginar. La enciclopedia virtual Wikipedia albergaba hasta el año pasado 17 millones de artículos en absolutamente todas las áreas del conocimiento. El mundo entero se ha reducido a un dispositivo informático que cada vez, y con mayor calidad, rapidez y precisión satisface virtualmente todas nuestras necesidades. De hecho, sitios como Facebook, Twitter, Youtube o cualquiera de los miles que existen se han transformado en verdaderas prótesis de la existencia humana; cualquier carencia (intelectual, erótica, informativa, cognitiva, educativa o lo que fuera) puede ser eficiente y rápidamente cubierta por una prótesis virtual.

En el mundo de la realidad la situación no es menos alarmante. El desarrollo tecnológico cubre cada vez más espacios que hasta no hace mucho dependían de la habilidad, capacidades e inteligencia humana. Nuestras falencias físico-estéticas las cubren ahora un arsenal cada vez más complejo de tecnologías de implante, a nuestra soledad el Facebook, a nuestros miedos los híper-sofisticados sistemas de vigilancia y alerta satelitales, a nuestras cuentas bancarias las centrales de riesgo de interconectividad múltiple e instantánea, a nuestra inteligencia los supercomputadores como la Tianhe-2 que realiza 33 cuatrillones de operaciones por segundo. Se estima que para el 2050, más de 2 tercios de las labores domésticas las ejecutarán robos dotados de inteligencia artificial. En breve, todas las facultades del hombre se resumirán a un algoritmo.

Las Redes Sociales han invadido nuestra privacidad de forma sistemática, y lo peor de todo, con el absoluto consentimiento nuestro. En cuestión de segundos todos los que forman nuestras listas, (a lo que se suma todos los que comparten nuestro mensaje con sus propias listas) habrán leído el mensaje. Hoy felicitamos al recién casado por Facebook, damos pésames, consolamos al deprimido, aconsejamos al angustiado, insultamos el opositor, denostamos al adversario, hacemos invitaciones, buscamos trabajo, formalizamos citas, mandamos piropos y si nos es posible adjuntamos foto y video.

Llegará un momento en que ningún acto que podamos calificar como “social” escape al entorno de las redes, a la sofisticación tecnológica o a la inteligencia virtual. Se me ocurre que llegado ese instante en el desarrollo de la especie, habremos eliminado de la subjetividad humana uno de sus derechos más profundos y probablemente más constructivos: el derecho a la soledad. Para entonces nuestro más fiel compañero, nuestro confidente, el cómplice más próximo llegará con marca y código; algo así como Samsung S6

lunes, 15 de septiembre de 2014

El Proyecto Estatal del MAS y las Elecciones de Octubre


Los periodos electorales suelen estar llenos de acontecimientos y anécdotas que por lo general encubren los factores que cada uno de ellos conlleva, lo cierto es que hay elecciones que constituyen puntos de inflexión en el desarrollo político de la sociedad, y el actual proceso es uno de ellos.

Subyace a esta aseveración una hipótesis que considero relevante a fin de comprender más allá de los discursos lo que en realidad se juega. La  hipótesis sostiene que el proceso iniciado con el advenimiento del MAS alcanzó, en casi nueve años de gobierno, el punto de inflexión entre el cierre del ciclo Nacionalista Revolucionario iniciado en abril de 1952, y la construcción de un modelo estatal diferente genéricamente denominado Estado Plurinacional.

El Estado del 52 fue una construcción posible gracias a una alianza de clases en que los sujetos históricos de primera línea provenían de la incipiente clase media, el proletariado, entendido en los términos propios del marxismo clásico, no era más que un apéndice de la dinámica social y política a quienes la “pequeña burguesía” arrebató el timón de la historia. Los campesinos para entonces se constituyeron en milicias armadas incondicionalmente fieles al Movimiento Nacionalista Revolucionario, empero, los límites de su poder quedaron claros de principio a fin; eran el brazo armado de la revolucionaria clase media que logró poner el país a la altura del siglo XX. La protoburguesia minera fue temporalmente desterrada del país con la nacionalización de minas.

El MNR de aquellos tiempos compartía con otros gobiernos de la época un discurso radicalmente antiimperialista, desplegó una amplia política de nacionalizaciones en defensa de los recursos naturales, declaró la guerra a las transnacionales y reivindico los derechos indígenas a través del reconocimiento de su ciudadanía; abolió el pongueaje y estremeció a los grandes patrones latifundistas con la Reforma Agraria.

Si uno compara las narrativas que dieron origen al Estado Nacionalista Revolucionario del 52, (particularmente en el primer gobierno de Paz Estenssoro) y las actuales, las similitudes son tan notorias que su proximidad ideológica es casi obvia, excepto que, -por decirlo de alguna manera- el Estado de Evo Morales no es el Estado de Víctor Paz, la diferencia estriba en que los sujetos históricos en cada uno de los casos no son los mismos. Durante todo el ciclo nacionalista y aún en su fase neoliberal, fueron las clases medias primero y la burguesía nacional desarrollada principalmente en el sector agroindustrial las que gestionaron el proceso histórico; en el Modelo estatal que se juega el todo por el todo en estas elecciones, son las entidades étnicas las que se instalan en el epicentro del proceso de construcción estatal, el conjunto de las clases sociales –pequeña burguesía, burguesía, lumpen, campesinos pobres etc.-  actúan en calidad de eventuales aliados, pero ya no son el dispositivo que organiza el curso de la historia, de manera que, aunque hicieran lo mismo que hizo aquel épico MNR del 52, el destino de la sociedad y su significación práctica, teórica, ideológica y simbólica es diferente; el sujeto histórico del proyecto masista está cifrado en el horizonte de un etnocentrismo aimara-andino más allá de las clases sociales. El éxito del MAS-IPSP es en gran medida el producto certero de un proyecto fallido  que pretendía construir una sociedad de indígenas y mestizos al margen de los primeros y en beneficio de los segundos, Evo Morales remedió la falla y al hacerlo, (en estricto cumplimiento de la dialéctica Hegeliana), despertó sus propios demonios; muy pronto los nuevos sujetos del Estado Plurinacional no serán más que una renovada burguesía nativa tan voraz como las anteriores, y para entonces, tendremos la impresión de que  - como decía Nietzsche -  todos  hacen lo mismo, pero de otra manera.

lunes, 18 de agosto de 2014

La Furia del Candidato


La semana pasada, un debate público entre candidatos a senadores regionales convocado por la carrera de ciencias políticas de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno terminó en un duro enfrentamiento entre oficialistas y opositores. El incidente se produjo a propósito de un comentario emitido por un alumno localizado en la primera fila del recinto; según las versiones de testigos presenciales el joven universitario interrumpió la exposición de Romero con una sola expresión: “mentiroso”; esa fue la chispa que incendió la pradera.

Es obvio que proclamar a los cuatro vientos que la mentira y el cinismo han tomado status de Política de Estado con el gobierno de Evo Morales, está bien lejos de acabar con su Poder y menoscabar la estructura que lo rodea, empero, esto es tan claro, como claro es que echárselo en cara tiene un efecto demoledor porque pone en evidencia las falacias del régimen a  despecho de todos y cada uno de los discursos, informes, promesas, presagios, augurios, adivinaciones y premoniciones que hoy hacen parte del discurso político oficial. La furia del candidato no se desencadenó porque el término “mentiroso” constituya una ofensa a la dignidad del increpado, tampoco porque pertenece al glosario de los insultos más abominables de la rica y florida lengua española; el candidato montó en furia porque como dice el sabio proverbio popular: las verdades siempre duelen.

Los especialistas en semiología de la lengua explican esto de una manera por demás convincente; sostienen que a cada expresión hablada le corresponde una organización definida de la realidad, esto quiere decir que, cuando todo lo que tengo en mi dormitorio está en su lugar, la expresión “mi cuarto esta ordenado” tiene sentido, pero la expresión cae en el absurdo cuando mi dormitorio es un desastre: esa es la razón por la que la mayoría de los políticos oficialistas no soportan que se les diga “mentiroso”; esta palabra les permite percatarse que casi todo lo que dicen cae en el absurdo de las justificaciones a cualquier precio, justificaciones que, finalmente, solo son el sacrificio de la verdad a cambio de Poder. El joven universitario no habló del crecimiento del PIB, ni de las enormes cuantías de la economía actual, ni de los infinitos montos de bonos y canchas de fulbito, no le dijo al candidato nada que sea parte de los argumentos de la oposición, no esgrimió criterios ideológicos ni postulados partidarios, simplemente puso en evidencia el absurdo de mentirle al pueblo como si este no se diera cuenta del engaño. La brevísima expresión que desató la furia del candidato puso de manifiesto que en la vida real; a precario argumento le sigue siempre un precario Poder.

 

 

 

Los Relojes del Sur


Una vieja historia china cuenta que un monarca de la antigüedad mandó a flechar todas las efigies de sus dioses desafiando su poder. Consiente que el tiempo consumía su vida decidió construir un palacio para que la noche fuese perpetua y nunca llegara un nuevo día, creía que podía jugar con el tiempo; vanos fueron todos sus esfuerzos, como el tiempo y la historia no van en reversa, el iluso príncipe murió como cualquier mortal, su comunidad retomó su destino, el palacio de las sombras quedó en el olvido y los ciudadanos restituyeron sus dioses. La vieja población es hoy la capital de China Popular, Pekín, hoy Beijing. La meca del capitalismo de Maduro.

Si el protagonista de esta tragedia hubiera poseído en el aquel tiempo un reloj mecánico, con absoluta seguridad hubiera invertido el giro de las manillas porque de lo que en el fondo se trata, es de revertir el orden de las cosas.

Basado en esta lógica, un alto funcionario del Ministerio de Educación anunció hace unos días que en las escuelas se enseñará a los niños a leer la hora al revés. El programa se aplicará sólo a niños escolares porque los mayores ya “están colonizados”; el suigéneris reloj descubre así su verdadera vocación; revertir el orden de la realidad de forma que la “descolonización” pasa por imponer un proceso cognitivo en reversa. Formalizando la ecuación semiótica los niños aprenderán que la barbarie era mejor que la modernidad, que el mestizo-blancoide es equivalente a la miseria, que el socialismo fracasado es la prueba irrefutable del éxito, que las cárceles cubanas atestadas de disidentes, son el emblema de la libertad, que los corruptos de ahora son la quinta esencia de las virtudes, que los dictadores asiáticos son símbolos de la liberación de los pueblos, que el sur es el norte, que lo positivo es ahora negativo, etc.

Evaluadas las proporciones de este dispositivo ideológico, no cabe duda que el gobierno llegó a la conclusión de que el país ingresó a la quinta etapa del proceso de cambio, etapa en que según el texto oficial, el objeto a transformarse ya no es el ejercicio del Poder, la economía, la salud o la educación, sino, por encima de todo, el cerebro de los ciudadanos. Mala señal, peor augurio, porque todos los que pensaron como el monarca chino sólo dejaron a sus pueblos rezagados en la trastienda de la historia.

martes, 22 de abril de 2014

Maduro y los fascistas

La beligerante verborrea de algunos líderes latinoamericanos actuales, como Maduro, muestra un patrón discursivo que hace parte de la retórica oficial de los actuales populismos latinoamericanos, por ejemplo: todos recurren al calificativo de “fascista” cuando deben referirse a sus opositores, disidentes o detractores. La historia del término sin embargo, puede darnos ciertas claves para su comprensión. Veamos.

En el siglo pasado Bosch, Perón, Getulio Vargas o Paz Estenssoro preferían apelar al concepto de “imperialista”, evitaban el término “fascista” seguramente porque el recuerdo tan próximo de los campos de exterminio y la aún dolorosa memoria de los hombres que se llevo la Segunda Guerra Mundial, recomendaba -con más lógica que prudencia semántica- eliminar del diccionario ideológico un vocablo escrito con la sangre de millones de inocentes inútilmente sacrificados. Durante la post-guerra, a diferencia del marxista-leninista que ostentaba su denominación con orgullo y valentía, los fascistas evitaban ser identificados por ese calificativo, el término se asociaba –como dice Payne- a las nociones de “violento”, “brutal” y “dictatorial”. Bajo condiciones tan poco motivadoras, los fascistas encontraron una estrategia discursiva enormemente eficiente; atribuían al adversario los rasgos de su propia naturaleza, así, todo enemigo político era “violento” “brutal” y “totalitario”, en otras palabras; era fascista; ¿Cómo esto fue posible? Las explicaciones más serias sostienen que se trata de un artificio que descubrió Freud: los humanos –sostenía- suelen negar su naturaleza para afirmarla.

En efecto, la historia ha mostrado que las más aberrantes dictaduras modernas se autoproclaman antifascistas y democráticas, Pinochet, la tétrica secuencia militar argentina, los hermanos Castro, el espantoso Stalin y ni que se diga de los dictadores de Oriente Medio que sometieron sus pueblos por décadas con mano de hierro, empero, hasta el lenguaje suele desplomarse frente al peso de la realidad. Todos los artificios de la lengua resultan inútiles cuando la aguda conciencia social percibe que los calificativos y apelaciones semánticas están vacías, cuando lo que se dice negro en realidad es blanco, cuando lo que se dice democrático en realidad es totalitario, cuando el tachado de fascista es en realidad su opuesto, o cuando el autoproclamado adalid de la democracia es solo una deriva de las dictaduras modernas, ese es el momento en que mueren los discursos y perecen frente al tribunal inapelable de la historia los falsos profetas.

viernes, 4 de abril de 2014

El Fin de un ciclo y la caída de Maduro

El curso que van tomando los acontecimientos en Venezuela deja ver con cierta claridad que el punto de resolución de la crisis comporta la salida de Maduro, y el inicio de un proceso de transición previsto ya por la mayoría de los analistas regionales. Las multitudinarias marchas que acompañaron a Leopoldo López y la escamoteada victoria de Capriles en las pasadas elecciones son un claro indicador de que las posibilidades de un chavismo sin Chávez son escasas.

Para algunos analistas la situación podría ingresar en un impase de largo alcance sustentado en el desgaste de las fuerzas de oposición, sin embargo, la historia de nuestras sociedades ha mostrado que este tipo de procesos contienen una fuerte dosis entrópica y que, una vez alcanzo un grado de certeza y un nivel consistente de participación ciudadana, el punto de no-retorno es inevitable. Las “Primaveras” modernas -como la de Egipto y otros países del medio Oriente- se sujetan a parámetros sociológicamente definidos y recurrentes; son emergencias juveniles, demandan libertad y respeto a los derechos y se posicionan en el concierto de una economía global capitalista sin abandonar los valores de equidad e identidad tan necesarios en nuestras sociedades, declaran así, la precariedad de los conceptos de “derecha” e “izquierda”, son ante todo, emergencias de la sociedad civil.

Es posible que la salida de Maduro tome aún un tiempo, pero el cierre de un ciclo que hasta no hace mucho se interpretaba como “modelo” alternativo, inevitable y de largo aliento ha colapsado. El socialismo Siglo XXI se difumina en una retórica cuyo efecto es aniquilado por el peso de una realidad abrumadora, en el caso Venezolano esta realidad se tradujo en inseguridad ciudadana, criminalidad, inflación, escasez y las ya conocidas violaciones a los derechos civiles, políticos y humanos que hacen parte de los enconos subjetivos de la revuelta juvenil.

Una vez más, el populismo latinoamericano ha fracasado, lo que queda por delante es una secuela de desequilibrios geopolíticos que arrastrarán a países latinoamericanos. En el debe y el haber habrá que hilar muy fino para alcanzar un balance que sea históricamente equilibrado y políticamente correcto.



martes, 25 de febrero de 2014

Justicia, o el Síndrome Boomerang


El presidente Evo Morales declaró públicamente que la reforma al Poder Ejecutivo no dio los resultados que se esperaba, y que de nada sirvió poner profesionales de pollera y sombrero haciendo referencia a su composición étnica, la declaración muestra al menos tres elementos que debemos destacar: Primero que sus palabras constituyen una tácita aceptación del fracaso de la reforma llevada a cabo por el régimen, segundo, un hábil manejo del fracaso al transformarlo en una propuesta electoral, (recordemos que una buena oferta electoral es aquella que propone soluciones a demandas insatisfechas de alta sensibilidad social) y tercero, que la situación del Poder Judicial ha tocado fondo. Si bien es cierto que estos problemas tienen una vieja data, no es menos cierto que la situación presente no se había dado nunca antes. Funcionarios mediocres, corruptos y probos estuvieron desde la fundación de la Republica en los altos, medios y bajos niveles operativos de esta instancia del Estado, aún así, la situación actual excedió todos los límites, la interrogante es: ¿porque ahora y no antes?
Primero porque los funcionarios que puso el gobierno, no estaban ahí para administrar justicia, fueron operadores políticos encargados de coadyuvar el proceso de judicialización de la política a fin de encarcelar o neutralizar cualquier líder o “foco” opositor, y segundo, porque las leyes funcionan en los marcos de la institucionalidad democrática, que fue, sin duda, lo primero que arrasaron.
Todos los gobiernos desde hace muchísimo tiempo controlaron de formas encubiertas o abiertas operadores de justicia, lo que diferencia la situación actual es que esa perversa manipulación antes se daba en los marcos de la institucionalidad democrática que, a pesar de todo, imponía limites y puniciones, hoy, con una institucionalidad literalmente pulverizada, funcionan en el vacío y a expensas de instrucciones superiores. Lo grave es que la situación, más allá de cualquier oferta electoral, está condenada a replicarse porque todo intento serio de restituir la vigencia de la Ley terminaría desnudando el Poder Judicial y hay demasiadas cosas que no se deben ver. La Reforma impuesta de la forma más grosera, se ha transformado en un boomerang cuyo recorrido apunta peligrosamente a sus propios fusileros. Así es la historia, nunca se sabe dónde termina lo que mal comienza.

El Fin de un ciclo y la caída de Maduro

El curso que van tomando los acontecimientos en Venezuela deja ver con cierta claridad que el punto de resolución de la crisis comporta la salida de Maduro, y el inicio de un proceso de transición previsto ya por la mayoría de los analistas regionales. Las multitudinarias marchas que acompañaron a Leopoldo López y la escamoteada victoria de Capriles en las pasadas elecciones son un claro indicador de que las posibilidades de un chavismo sin Chávez son escasas.

Para algunos analistas la situación podría ingresar en un impase de largo alcance sustentado en el desgaste de las fuerzas de oposición, sin embargo, la historia de nuestras sociedades ha mostrado que este tipo de procesos contienen una fuerte dosis entrópica y que, una vez alcanzo un grado de certeza y un nivel consistente de participación ciudadana, el punto de no-retorno es inevitable. Las “Primaveras” modernas -como la de Egipto y otros países del medio Oriente- se sujetan a parámetros sociológicamente definidos y recurrentes; son emergencias juveniles que demandan libertad y respeto a los derechos y se posicionan en el concierto de una economía global capitalista sin abandonar los valores de equidad e identidad tan necesarios en nuestras sociedades, declaran así, la precariedad de los conceptos de “derecha” e “izquierda”, son ante todo, emergencias de la sociedad civil.

Es posible que la salida de Maduro tome aún un tiempo, pero el cierre de un ciclo que hasta no hace mucho se interpretaba como “modelo” alternativo, inevitable y de largo aliento ha colapsado. El socialismo Siglo XXI se difumina en una retorica cuyo efecto es aniquilado por el peso de una realidad abrumadora, en el caso Venezolano esta realidad se tradujo en inseguridad ciudadana, criminalidad, inflación, escasez y la ya conocidas violaciones a los derechos civiles, políticos y humanos que hacen parte de los enconos subjetivos de la revuelta juvenil.

Una vez más, el populismo latinoamericano ha fracasado, lo que queda por delante es una secuela de desequilibrios geopolíticos que arrastrarán a la Argentina primero, y eventualmente a regímenes como el nuestro y el ecuatoriano. En el debe y el haber habrá que hilar muy fino para alcanzar un balance que sea históricamente equilibrado y políticamente correcto.



viernes, 6 de septiembre de 2013

Un Síndrome Delincuencial

Estábamos acostumbrados a convivir von la corrupción de los funcionarios públicos, pero, hasta hace poco era relativamente sencillo distinguir entre un funcionario corrupto, y una estructura corrupta. Cuando se descubría algún “negociado” se afectaba sin duda la imagen del gobierno en su conjunto, pero quedaba relativamente claro que ese funcionario corrupto aprovechaba su posición para delinquir, ¡había una oveja negra en el rebaño! empero, otra es la situación cuando todo el rebaño es de ovejas negras. En la perspectiva sociológica podría decirse que la diferencia entre el primer y segundo caso, marca la diferencia entre un “estado corrupto” a otro “delincuencial”

Parece que eso es lo que la percepción ciudadana experimenta en la actualidad. La certeza cada vez más afianzada y respaldada por la cadena de acontecimientos oscuros que rodean la administración estatal, empieza a dejar claro que no es el apetito individual de los arribados lo que se expresa en la ola de escándalos que sacude el gobierno desde su misma instauración, sino que, se trata de una estructura en la que casi todo está permitido y asegurado. Lo que parecía un efecto asociado a la natural borrachera de poder que suele experimentar un gobierno cuando se siente imbatible y eterno, ha dado paso a la sensación generalizada de que la resaca comporta un ilimitado disfrute del Poder más allá del bien y del mal, síntoma claro de un síndrome delincuencial.

Los “accidentes” ya no son la excepción, sino la norma. La impunidad selectiva y una administración de justicia orientada solo a los disidentes y opositores, crea las condiciones ideales para este paraíso de sombras. Todo indica sin embargo que los discursos explicativos se agotan, los hechos los desmienten dramáticamente; el Jefe Antinarcóticos termina preso por narcotráfico, el jefe policial anticorrupción termina preso por corrupto, a lo que se suma que los hechos se empiezan a relacionar en el tiempo, curiosas relaciones “de trabajo” empiezan a mostrar ramificaciones insospechadas; no es uno, aislado, osado, confiado y desprevenido, son demasiados, todos juntos y bajo una misma estructura. Esta es una cuestión delicada, pues puede pasar lo mismo que sucede cuando un castillo de naipes pierde una carta: se caen todas.



jueves, 18 de julio de 2013

¿Y Después de la Orgía?

Una agente infiltrada protagoniza toda una escena de atropellos y abusos al Canciller en los conflictos de Chaparina. Un canciller de la República se brinda como cebo represivo, misteriosamente la infiltrada desaparece del escenario. El canciller queda en ridículo. Los jefes de la infiltrada dicen que pidió vacaciones por stress. La oposición pide la renuncia del canciller que se prestó a semejante juego. Una comisión de policías antinarcóticos requisa la nave diplomática brasilera. Un ex alto funcionario del gobierno, hoy encarcelado por extorsión, da detalles de la forma en que el gobierno arma celadas y prefabrica delitos de forma casi novelesca, entre tanto, el gobierno articula una protesta internacional a propósito de la negativa de sobrevuelo que  cuatro países europeos dan al avión presidencial, el bochornoso acontecimiento que es declarado un atentado contra la dignidad y la propia vida del mandatario se vuelca en contra, el gobierno clama respeto y cumplimiento de normas internacionales mientras las viola sistemáticamente. La ministra de comunicaciones declara públicamente que la denuncia sobre las requisas a aviones diplomáticos brasileros son falsas, el presidente lo ratifica, los diputados masistas sostiene que se trata de acciones mediáticas destinadas a afectar la imagen del gobierno más democrático del mundo, apenas terminan de dar sus fogosos argumentos el canciller brasilero oficializa la denuncia; no fue una, fueron tres naves en tres oportunidades diferentes requisadas ilegal y abusivamente. Por su lado los dirigentes de la VIII y IX Marcha descubren que no fue una, fueron catorce los infiltrados. Todo sucede como un film de misterio, gansterismo y poder.
Maquiavelo describió la fría ecuación del calculo político, les enseñaba a los príncipes como moverse en momentos en que el Poder feudal se venía abajo, la genialidad de Maquiavelo radicó en vislumbrar cómo sería la política en la modernidad... y sus límites, empero, se quedo chico, nunca pensó que la ambición de poder adoptaría los caracteres de una orgía. El Poder lo es todo.  No interesa si se violan derechos internacionales, si se denigra la razón, si la mentira toma fuerza de Ley Natural; todo vale al calor de la orgía. Lo mismo le paso a Stalin que terminó en la galería de los más brutales dictadores junto a Hitler y Mussolini, a él, le costó el odio de su pueblo, a Hitler un balazo suicida y a Mussolini y la Petacci, su amante, la horca y el desprecio. No hay orgia que dure mil años y menos que termine bien.